Día histórico, Canarias dice No al petróleo
Ayer fue un día intenso, inolvidable. Un día que hará historia, eso seguro.
Estoy queriendo escribir sobre muchas cosas hace tiempo, pero la emoción hoy ha podido conmigo y sólo quiero soltar todo lo que estoy sintiendo.
Para empezar el día, para mí personalmente, ya empezó diferente. En un soleado sábado me fui al pueblo después de un lindo desayuno acompañada de mi novio e hijos perrunos. Mientras caminaba hacia el supermercado vi una casa antigua con su portón abierto, invitando a una exposición sobre las escuelas en Cervelló desde el siglo pasado. Allí muy amable, una señora me guió y me explicó. Era abierta y cercana, y, cosas de la vida, resultó que los canadienses, a pesar de su frío país, también se relacionan sin tantas trabas. Hablando y hablando por fin, después de nueve meses de intentos, voy a formar parte del pueblo acudiendo como voluntaria para la catalogación de información y objetos históricos del lugar, y, de paso, integrarme con su gente algo más.
De camino a casa, contenta, veo a un perro enorme a las puertas de una casa, echado. Parecía estar perdido pero di por sentado que era de esa casa en cuya sombra se cobijaba. Llamé a la puerta y nadie contestó, pero fui a otra casa cercana donde una mujer, muy amable, me explicó que sabía de quién era el peludo gigante. Le dije que no podía verlo allí y que lo llevaría a su casa, y, ella, en vez de explicarme y seguir bajo la sombra de su jardín, decidió acompañarme. Subirlo al coche fue algo complicado porque aparte de que era una mole, no quería salir de la sombra, pero un bocado rico (y un levantamiento de la mitad de su cuerpo en peso) hizo que lo consiguiéramos. Llevamos al animalillo, que se ve que no estaba muy cuidado y se escapaba por las hembras (aquí ningún perro parece estar esterilizado) y hablamos con el dueño. Nos lo agradeció. Y la señora que me acompañó también agradeció mi invitación a casa cuando gustase y me respondió invitándome a la suya también.
Lo increíble de esta historia es que por la noche, al regresar a casa, un calle más adelante se repitió una historia similar, con otro perrito y otra vecina :)
Un sol que rajaba las piedras hizo que pasásemos el medio día bajo la sombrilla y junto a la piscina, con gazpacho fresco que me bebí de una sentada a modo de almuerzo. Y, sobre las cuatro y media comencé a prepararme para ir a la manifestación en contra de las petroleras en Barcelona, de la cual me enteré esa misma mañana. He de reconocer que estaba muy a gusto y que hubiese sido más fácil quedarse cómodamente donde estaba y que otros se manifestasen por mí. Pero, menos mal, no lo hice. No puedo dejar que los demás luchen batallas que también son mías, y, aunque temía que fuésemos dos o tres personas, me hice mi camino de hora y media de coche, tren, metro y pie hasta el encuentro.
¡¡Vaya sorpresa y que alegría ver que éramos muchos!! Mientras corría hacia ellos por el Passeig del Mar, la avenida de la Barceloneta, sacaba mi camiseta negra de la mochila y me la enfundaba orgullosa para unirme a los gritos, cantos y protestas en contra de este atropello medioambiental.
Cierto es que me hubiese gustado ver más catalanes en el grupo, más gente en general, pero fue un día de mucha oferta en la ciudad y sinceramente, creo que muchos no se enteraron, pues a mí misma, buscando, me costó encontrar la información.
Fue una manifestación emocionante, sabiendo que en ese mismo momento en mis islitas queridas, incluso La Graciosa chinija, estaba la gente aunando las fuerzas, la voz, el corazón, por lo que nos importa. Pero nunca imaginé la respuesta masiva del pueblo canario o amante de Canarias, desde muchos puntos del planeta, que descubrí hoy en los medios de comunicación.
Me he pasado la mañana leyendo y compartiendo sólo noticias y fotos sobre esto en mi facebook, hablando por teléfono con mi madre, emocionadísimas las dos de que por fin los canarios nos hayamos sacudido la pachorra y la comodidad para salir a la calle a luchar. Estoy feliz, orgullosa, esperanzada.
Aparte de todo esto fue increíble sentir, después todo este tiempo en Barcelona, el cálido abrazo de personas que aunque desconocidas me parecían cercanas. Bendito carácter cariñoso de los canarios. Ya no me siento sola, ahora soy parte de el grupo "Canarios en Barcelona", y por fin tengo a una posible amiga llamada Ico, como mi princesa aborigen preferida. Increíbles encuentros con gente de La Graciosa que estudió conmigo en el colegio y con un habitante de Isla de Lobos. Feliz, feliz, feliz.
Y así, volviendo sobre la nueve y media de la noche a casa, en el tren, me deleitaba con los recuerdos. Me dio pena no sacar fotos con mi móvil, pero no quería perderme nada y sé que muchos sí que lo hicieron. Lo viví intensamente. Ahí, en medio de esa gente que en el vídeo parece poca.
Estoy queriendo escribir sobre muchas cosas hace tiempo, pero la emoción hoy ha podido conmigo y sólo quiero soltar todo lo que estoy sintiendo.
Para empezar el día, para mí personalmente, ya empezó diferente. En un soleado sábado me fui al pueblo después de un lindo desayuno acompañada de mi novio e hijos perrunos. Mientras caminaba hacia el supermercado vi una casa antigua con su portón abierto, invitando a una exposición sobre las escuelas en Cervelló desde el siglo pasado. Allí muy amable, una señora me guió y me explicó. Era abierta y cercana, y, cosas de la vida, resultó que los canadienses, a pesar de su frío país, también se relacionan sin tantas trabas. Hablando y hablando por fin, después de nueve meses de intentos, voy a formar parte del pueblo acudiendo como voluntaria para la catalogación de información y objetos históricos del lugar, y, de paso, integrarme con su gente algo más.
De camino a casa, contenta, veo a un perro enorme a las puertas de una casa, echado. Parecía estar perdido pero di por sentado que era de esa casa en cuya sombra se cobijaba. Llamé a la puerta y nadie contestó, pero fui a otra casa cercana donde una mujer, muy amable, me explicó que sabía de quién era el peludo gigante. Le dije que no podía verlo allí y que lo llevaría a su casa, y, ella, en vez de explicarme y seguir bajo la sombra de su jardín, decidió acompañarme. Subirlo al coche fue algo complicado porque aparte de que era una mole, no quería salir de la sombra, pero un bocado rico (y un levantamiento de la mitad de su cuerpo en peso) hizo que lo consiguiéramos. Llevamos al animalillo, que se ve que no estaba muy cuidado y se escapaba por las hembras (aquí ningún perro parece estar esterilizado) y hablamos con el dueño. Nos lo agradeció. Y la señora que me acompañó también agradeció mi invitación a casa cuando gustase y me respondió invitándome a la suya también.
Lo increíble de esta historia es que por la noche, al regresar a casa, un calle más adelante se repitió una historia similar, con otro perrito y otra vecina :)
Un sol que rajaba las piedras hizo que pasásemos el medio día bajo la sombrilla y junto a la piscina, con gazpacho fresco que me bebí de una sentada a modo de almuerzo. Y, sobre las cuatro y media comencé a prepararme para ir a la manifestación en contra de las petroleras en Barcelona, de la cual me enteré esa misma mañana. He de reconocer que estaba muy a gusto y que hubiese sido más fácil quedarse cómodamente donde estaba y que otros se manifestasen por mí. Pero, menos mal, no lo hice. No puedo dejar que los demás luchen batallas que también son mías, y, aunque temía que fuésemos dos o tres personas, me hice mi camino de hora y media de coche, tren, metro y pie hasta el encuentro.
¡¡Vaya sorpresa y que alegría ver que éramos muchos!! Mientras corría hacia ellos por el Passeig del Mar, la avenida de la Barceloneta, sacaba mi camiseta negra de la mochila y me la enfundaba orgullosa para unirme a los gritos, cantos y protestas en contra de este atropello medioambiental.
Cierto es que me hubiese gustado ver más catalanes en el grupo, más gente en general, pero fue un día de mucha oferta en la ciudad y sinceramente, creo que muchos no se enteraron, pues a mí misma, buscando, me costó encontrar la información.
Fue una manifestación emocionante, sabiendo que en ese mismo momento en mis islitas queridas, incluso La Graciosa chinija, estaba la gente aunando las fuerzas, la voz, el corazón, por lo que nos importa. Pero nunca imaginé la respuesta masiva del pueblo canario o amante de Canarias, desde muchos puntos del planeta, que descubrí hoy en los medios de comunicación.
Me he pasado la mañana leyendo y compartiendo sólo noticias y fotos sobre esto en mi facebook, hablando por teléfono con mi madre, emocionadísimas las dos de que por fin los canarios nos hayamos sacudido la pachorra y la comodidad para salir a la calle a luchar. Estoy feliz, orgullosa, esperanzada.
Aparte de todo esto fue increíble sentir, después todo este tiempo en Barcelona, el cálido abrazo de personas que aunque desconocidas me parecían cercanas. Bendito carácter cariñoso de los canarios. Ya no me siento sola, ahora soy parte de el grupo "Canarios en Barcelona", y por fin tengo a una posible amiga llamada Ico, como mi princesa aborigen preferida. Increíbles encuentros con gente de La Graciosa que estudió conmigo en el colegio y con un habitante de Isla de Lobos. Feliz, feliz, feliz.
Y así, volviendo sobre la nueve y media de la noche a casa, en el tren, me deleitaba con los recuerdos. Me dio pena no sacar fotos con mi móvil, pero no quería perderme nada y sé que muchos sí que lo hicieron. Lo viví intensamente. Ahí, en medio de esa gente que en el vídeo parece poca.
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| Foto de facebook (desconozco la fuente, no leo bien la firma del fotógrafo) |


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