Cuando darlo todo no es suficiente y otras cosas
Hoy no tengo fuerzas (y esta vez no voy a suavizarlo)
No, no es un mal día.
No es “una racha”.
No es “solo un despido”.
Es una caída después de años sosteniendo demasiado.
Llevo días sin poder levantarme de la cama. Días en los que comer es un esfuerzo real. Días en los que vivir pesa.
Y sí, esto va de mí.
Pero también va de todo lo que ha pasado alrededor.
Va de ser una persona altamente sensible en un mundo que premia la desconexión.
De tener una empatía que no sabe mirar hacia otro lado (no me entra en la cabeza cómo otros sí pueden)
De implicarme profundamente en relaciones, trabajos y vínculos… hasta olvidarme de mí.
Va de tener TOC., porque no, no son "maniítas" y ya, así que dejen de usarlo como si todos lo tuviéramos. Va de convivir con pensamientos intrusivos horribles que se repiten, que generan miedo, que intentan controlar lo que no se puede controlar hasta el punto de no poder vestirte, de no poder hablar, de no poder escribir, por miedo a los colores, a los números, a las letras, y aún así, tener que seguir en este mundo que no lo comprende.
Y probablemente también va de TDAH.
De una mente que va rápido, que se satura, que se engancha, que se desborda.
De empezar cosas con ilusión y luego no poder sostenerlas igual.
De sentir que todo cuesta el doble.
Y cuando todo eso se junta, no se suma.
Se multiplica.
Se potencian los trastornos.
Se potencia el cansancio.
Se potencia la sensación de no encajar en ningún sitio.
Y aun así, he estado.
He dado.
He sostenido.
He cumplido.
En trabajos donde he dado mucho más de lo que me correspondía… hasta que mi salud dijo basta.
En relaciones donde he estado presente… incluso cuando yo no estaba bien.
En amistades donde he sido apoyo… sin darme cuenta de que no siempre era recíproco.
Y aquí viene la parte incómoda.
Cuando todo va bien, cuando estás disponible, cuando eres la que sostiene… encajas.
Pero cuando te rompes, cuando necesitas, cuando incomodas…
no todo el mundo se queda.
Y no solo eso.
A veces no hay explicaciones.
No hay conflicto.
No hay palabras.
Simplemente, no están.
Ven que no estás bien.
Saben que lo estás pasando mal.
Y aun así, no escriben.
No preguntan.
No aparecen.
Y eso también dice algo.
Duele ver quién no aparece.
Duele ver quién mira y no escribe.
Duele ver quién sabe que no estás bien… y decide no estar.
No es drama.
No es intensidad.
Es memoria emocional.
Y llega un punto en el que el cuerpo lo refleja.
No me he vuelto más débil.
Me he quedado sin reservas.
Por eso ahora no puedo con cosas que antes sí.
No porque haya empeorado como persona.
Sino porque he estado funcionando durante años por encima de mis límites.
Hasta romper.
Hoy no tengo un mensaje bonito.
Tengo cansancio.
Tengo decepción.
Y tengo claridad.
No estoy rota, o sí en realidad, porque estoy viendo, por fin, lo que antes no quería ver.
Y eso es incómodo, para mí. Y quizá también para otros. Y duele, mucho, tanto como para pensar en quitarte de en medio.
Hoy he pedido ayuda.
Hoy he comido.
Hoy he hablado.
No parece mucho, pero es lo que hay.
Y esta vez no voy a disfrazarlo para que sea más fácil de leer.
Porque si algo tengo claro ahora es esto: No quiero seguir siendo alguien que da todo… para quedarse sola cuando más necesita,
NOTA: Tan sólo dos días después de escribir esto, rompí con la persona con la que quería pasar mi vida, la única que ha estado conmigo cada día durante bastante tiempo, porque no estamos en el mismo momento vital, pero, por suerte, es uno de los que de verdad siguen a mi lado y me demuestran que verdaderamente le importo
Comentarios
Publicar un comentario