Se hace el camino al andar
Nunca pensé estar tan perdida, y menos a esta edad. La edad, ese número dichoso que nos marca porque así hemos aprendido de la sociedad, es algo que me vuelve loca desde siempre.
Cada vez que pienso en esta cuestión vuelvo al mismo momento: aquel concierto el 23 de Agosto de 1997, agachada con mi amiga Vanessa, mientras llorábamos abrazadas, porque cumplía 18 y me iba de la isla a la Universidad. Pero lloraba mucho, lo recuerdo, porque me sentía "mayor".
Hay que ver, esto sí que tiene gracia ahora... Lo malo es que suelo vivir en el pasado, y en el momento nunca valoro la edad que tengo... sólo me veo joven si miro atrás y me voy a aquella edad. Y aún sabiéndolo no puedo luchar contra ello.
Intento decirme cada día que ahora también soy joven, que "sólo" tengo treinta y cuatro años, pero no me lo creo mucho. Siento que estoy igual de indecisa que cuando adolescente y en pleno bachillerato artístico manifesté mi miedo a no saber en qué especializarme cuando llegase a Bellas Artes. En su momento un profesor me dijo que ya lo iría viendo, pero no fue así. Me pasé la carrera corriendo de un lado para otro porque quería hacerlo todo, y además el nuevo plan no permitía la especialización.
Ahora, once años después sigo sin saber qué hacer. Me agobio con todo lo que se me ocurre porque no sé por dónde empezar ni si dará resultado algo...
Probar, empezar con algo, me dirán. Pero el no tener un sueldo te restringe mucho el comprarte material. Y todo lo que reúno lo gasto en un nuevo curso a ver si me encuentro allí.
Probablemente el problema esté en tanto tiempo sola en casa, tanto tiempo sentada al ordenador en busca de las ofertas de empleo simultáneamente con las redes sociales para no sentirme tan sola. Realmente estoy enganchada. Realmente echo muchísimo de menos a mis amigos.
Esto es como un círculo vicioso, porque sin un duro tampoco puedo salir de casa a distraerme todo lo que quisiera, y aún así me siento culpable si me doy un pequeño capricho.
No paro de darle vueltas a la cabeza, pero esto es algo inherente en mí y mis amigos lo saben. Intento "escapar" de estos pensamientos leyendo leyendo leyendo o viendo pelis, pero así también se pasa el tiempo y siento que no hago nada importante. Hace poco, quizás para tranquilizar mi mente, me he puesto como meta la BUSCA Y CAPTURA de un trabajo que me permita tener un poquito de dinero para mí y mis inofensivos "vicios" y, sobretodo, la mente ocupada, para el tiempo libre, disfrutarlo verdaderamente.
¿Ustedes han tenido la sensación alguna vez de que no se merecen lo que tienen? Pues yo siento eso continuamente, por ejemplo, que no merezco divertirme si no lo gano. Estoy como una cabra y me castigo mucho, lo sé, pero eso es otro tema complicado del que un día hablaré.
Cada vez que pienso en esta cuestión vuelvo al mismo momento: aquel concierto el 23 de Agosto de 1997, agachada con mi amiga Vanessa, mientras llorábamos abrazadas, porque cumplía 18 y me iba de la isla a la Universidad. Pero lloraba mucho, lo recuerdo, porque me sentía "mayor".
Hay que ver, esto sí que tiene gracia ahora... Lo malo es que suelo vivir en el pasado, y en el momento nunca valoro la edad que tengo... sólo me veo joven si miro atrás y me voy a aquella edad. Y aún sabiéndolo no puedo luchar contra ello.
Intento decirme cada día que ahora también soy joven, que "sólo" tengo treinta y cuatro años, pero no me lo creo mucho. Siento que estoy igual de indecisa que cuando adolescente y en pleno bachillerato artístico manifesté mi miedo a no saber en qué especializarme cuando llegase a Bellas Artes. En su momento un profesor me dijo que ya lo iría viendo, pero no fue así. Me pasé la carrera corriendo de un lado para otro porque quería hacerlo todo, y además el nuevo plan no permitía la especialización.
Ahora, once años después sigo sin saber qué hacer. Me agobio con todo lo que se me ocurre porque no sé por dónde empezar ni si dará resultado algo...
Probar, empezar con algo, me dirán. Pero el no tener un sueldo te restringe mucho el comprarte material. Y todo lo que reúno lo gasto en un nuevo curso a ver si me encuentro allí.
Probablemente el problema esté en tanto tiempo sola en casa, tanto tiempo sentada al ordenador en busca de las ofertas de empleo simultáneamente con las redes sociales para no sentirme tan sola. Realmente estoy enganchada. Realmente echo muchísimo de menos a mis amigos.
Esto es como un círculo vicioso, porque sin un duro tampoco puedo salir de casa a distraerme todo lo que quisiera, y aún así me siento culpable si me doy un pequeño capricho.
No paro de darle vueltas a la cabeza, pero esto es algo inherente en mí y mis amigos lo saben. Intento "escapar" de estos pensamientos leyendo leyendo leyendo o viendo pelis, pero así también se pasa el tiempo y siento que no hago nada importante. Hace poco, quizás para tranquilizar mi mente, me he puesto como meta la BUSCA Y CAPTURA de un trabajo que me permita tener un poquito de dinero para mí y mis inofensivos "vicios" y, sobretodo, la mente ocupada, para el tiempo libre, disfrutarlo verdaderamente.
¿Ustedes han tenido la sensación alguna vez de que no se merecen lo que tienen? Pues yo siento eso continuamente, por ejemplo, que no merezco divertirme si no lo gano. Estoy como una cabra y me castigo mucho, lo sé, pero eso es otro tema complicado del que un día hablaré.


Te recomiendo leer "El Test de la Pasión" , en España creo que se llama "Descubre el secreto".
ResponderEliminarA mi me ayudó a descifrar qué es lo más importante para mi en este momento, en donde enfocar tu atención...
*Besines*
Sí, recuerdo el libro, pero se me había olvidado. Gracias amiga
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