El viaje





Todas las transiciones requieren un tiempo de adaptación, y en él me hallo, o mejor dicho, nos hallamos.
Una familia compuesta por una pareja y cuatro perros (el quinto, el que había sido de mi abuela y ha estado con nosotros los dos últimos años se quedó con mi madre en Lanzarote)
Una mudanza agotadora, como todas, pero entre varias casas, moviendo y desarmando muebles, buscándoles sitio en casa de mamá, regalando a amigos y a ONGs… Es ahí, en una super limpieza, cuando te das cuenta de la cantidad de cosas que puedes llegar a reunir. Algunas sin valor económico, pero el sentimental te hace aferrarte a objetos que quizás ni siquiera utilices. 
Aplicando las enseñanzas de mi gurú personal, mi amiga Karina, aprendiendo a desprenderme de lo material, pude hacer una selección más práctica.
Pero reconozco que sí que estoy apegada a cosas… Lo que echo de menos en esta casa son nuestros muebles. 

Hay mucha gente que simplemente no le importa en absoluto lo que le rodea y puede vivir en cualquier sitio (envidia sana a esta facilidad de adaptación). Pero a mí (supongo que esta sensibilidad es la que hace que me incline por el arte y la artesanía y cualquier forma de expresión, tan necesaria en mi vida) me influye profundamente. Me afecta la decoración de los lugares, las formas y los colores. Y claro, al no tratarse de nuestra casa no es que pueda modificar los muebles que dejaron (que dicho sea de paso son los típicos de apartamento, feos y de mala calidad, pero sobre todo horteras con ganas) . A ver si con paciencia (nota mental: comprar mucho de esto en el súper) podemos ir dejándola acogedora y de esas que me dan ganas de crear nada más entrar. ¿Un ejemplo? Pues esas casas de pisos de loza artesanales, con puertas y ventanas altas de dos hojas y en colores claros, con muchísima luz, me vuelven loca, y en Barcelona hay muchas, pero nuestros perris necesitaban un jardín y la familia va toda junta :) Eso sí, aquí estoy viendo bichos que no había visto en mi vida. Sí que he salido de Canarias, pero nunca había vivido cerca de un bosque y debe ser esto… Los mosquitos catalanes me tienen más que picada, la vez que me dio por contar cuántas ronchas tenía por todo el cuerpo eran unas cien (ciento una para ser exactos, pero esta mañana me descubrí más)… Debo de tener la sangre rica porque a Tato ni uno le ha picado (espero que esto no lo lea un vampiro)

Y así señores se pasan los días, que apenas llevamos tres y me parece que estamos hace tiempo ya. Lo único que me recuerda que no es así es todo lo que nos queda por hacer, limpiar y colocar. Porque además, la casa, no estaba lista (ni aún lo está) cuando entramos. Para empezar nos esperaban al día siguiente y llegamos a las once y media de la noche encontrándonos con un candado en la puerta. A esa hora no llamamos a nadie, así que cual ladrones nos saltamos el muro (una servidora) e intentamos abrir la cancela grande desde dentro. ¡Y menos mal que se abrió! No me veía levantando más de 35 kilos de perro (Iru) por encima de un muro… 

Aún nos quedan muebles por desarmar, buscarnos la vida para dejar escombros, ropa, garrafas de aceite de coche y restos de muebles. Un jardín abandonado con mucha porquería y una casa deshabitada con todo su polvo dentro. Estoy un poco mosca porque considero que esto es cosa de los dueños, no nuestra, más si tenemos que pagar el agua y la luz que va a consumir lavar todo. Por cierto, a esta casa no han llegado las bombillas de bajo consumo ¬¬

Pero el sitio es fantástico. La urbanización está como metida en un valle, rodeada de casas altas y árboles, que me miran a través de la ventana del salón mientras escribo. A unos tres kilómetros el centro del pueblo, con su guardia y todo, ese que está en medio de la calle indicándote o ayudándote en lo que necesites y que todos conocen (ya me pegué una buena charla con él :) Y aunque pequeño el pueblito, no le falta de nada: su biblioteca, su herbolario, farmacia, fruterías (esto me encanta, que sean chiquitas), contenedores de reciclaje en cada esquina (el de ropa es genial, te dice por fuera qué hacen con ella y todo) y lo más guay: un bosque precioso con caminitos de hadas para andar con los perris…
Lo único que nos preocupa realmente es "el gordo". Iru anda como medio desubicado. No hace más que meterse en la piscina pero no sabe salir y ayer me despertaron los vecinos porque, en su empeño por subir, se saltó todos los obstáculos que le pusimos delante y después de rodear la piscina varias veces, cual gato siguió andando por la barandilla, se cayó del otro lado...

Así va el viaje, ya iré contando más. La conexión es mala, aún no tenemos internet en casa y "el pincho" no va bien, porque casi ni cobertura de teléfono tenemos. 
Gracias por acompañarme y gracias a todas las personas que me envían sus ánimos y su amor.

NOTA: Este post lo escribí hace unos diez días. Ahora ya tenemos tenemos puertita para la piscina e Iru ya sabe salir de ella ^_^

NOTA 2: Este post lo escribí hace más de doce años pero no lo había publicado no sé por qué. Ha pasado mucho desde entonces: Tato y yo ya no estamos juntos, pero seguimos siendo amigos; de los perritos sólo vive Nina Simone (con él); estoy de vuelta en Lanzarote hace diez años... (y Karina resultó no ser una buena amiga, demostrado con varias personas y los muebles míos y de mi abuela que se quedó y nunca me devolvió). Ya les iré poniendo al día, pero déjenme publicar este post para el recuerdo, como un diario.









Comentarios

Entradas populares